La propuesta creada por el fisiólogo Hiroshi Nose combina intervalos suaves y exigentes, y distintos estudios la asociaron con beneficios en presión arterial, fuerza muscular, resistencia aeróbica y salud ósea.
El método japonés de caminata propone una rutina de 30 minutos que alterna períodos de marcha habitual con otros de mayor intensidad. Diseñado para elevar el esfuerzo cardiovascular sin necesidad de correr, el sistema busca mejorar la resistencia, la fuerza muscular y algunos indicadores asociados a un envejecimiento activo.
Según revela Prevention, la pauta fue desarrollada hace cerca de 20 años por el fisiólogo del ejercicio japonés Hiroshi Nose, quien estudió los efectos de la caminata por intervalos en adultos mayores. Su principio es simple: sostener una actividad accesible, aunque con momentos en los que el cuerpo debe trabajar por encima del ritmo cotidiano.
A diferencia de una caminata continua y relajada, esta modalidad requiere cambios programados de velocidad. El objetivo del tramo más intenso no es alcanzar una marca de distancia, sino aumentar el pulso y la respiración hasta un nivel que exija mayor esfuerzo.
La rutina alterna tres minutos suaves con tres minutos de paso acelerado
La sesión estándar dura media hora y se divide en bloques de tres minutos. Durante los primeros tres, se camina a un ritmo cómodo. Los siguientes tres deben realizarse a una velocidad suficientemente alta como para que conversar se vuelva difícil. Esa secuencia se repite hasta completar cinco intervalos lentos y cinco rápidos.
En total, el entrenamiento contiene 15 minutos de caminata de intensidad elevada y otros 15 de recuperación activa. No se trata de detenerse entre un bloque y otro: durante los períodos suaves se mantiene el movimiento, aunque a una velocidad que permita recuperar el aliento antes de volver a acelerar.

La intensidad puede variar según la condición física. Una persona que recién comienza no necesita completar desde el primer día los tres minutos rápidos. La instructora certificada por el American Council on Exercise (ACE), Michele Stanten, recomendó empezar con 30 segundos de marcha acelerada y aumentar progresivamente el tiempo.
El ritmo intenso debe dificultar una conversación sostenida
La prueba más práctica para calcular el esfuerzo consiste en intentar hablar durante el intervalo rápido. Si es posible mantener una conversación extensa sin pausas, probablemente el paso sea demasiado cómodo. Si aparece dolor, mareo o falta de aire desmedida, la exigencia puede ser excesiva.
Stanten señaló a Prevention que muchas personas adoptan una marcha estable y agradable, en especial cuando caminan con amigos. Esa costumbre ayuda a mantener el hábito, pero no siempre aporta el mismo estímulo físico que los cambios de ritmo.
Durante el segmento intenso, la caminata debe conservar una técnica controlada. La recomendación es mantener la cabeza erguida, la mirada al frente, los hombros relajados y los brazos en movimiento. Mirar de forma constante hacia los pies puede sobrecargar el cuello y la parte superior de la espalda.
Un cronómetro, teléfono o reloj con alarma sirve para señalar cada cambio de velocidad. También se recomienda usar calzado que brinde soporte y resulte cómodo. Antes de iniciar, unos minutos de movilidad de tobillos, piernas y pies pueden preparar al cuerpo para los tramos de mayor exigencia.
Los estudios registraron mejoras en presión, fuerza y capacidad aeróbica

En una investigación pequeña publicada en Mayo Clinic Proceedings, el equipo de Hiroshi Nose observó que los adultos mayores que realizaron este esquema de intervalos redujeron su presión arterial sistólica. Ese valor corresponde al número superior de la medición y refleja la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias cuando el corazón se contrae.
El estudio también detectó avances en la fuerza de los músculos del muslo y en la capacidad aeróbica. Esta última describe la cantidad de oxígeno que el organismo puede utilizar durante la actividad física y se vincula con la resistencia para sostener ejercicios de intensidad moderada o alta.
Otro trabajo publicado en PLOS One asoció cinco meses de caminata por intervalos con una mejora de la densidad ósea en mujeres posmenopáusicas que habían comenzado con niveles bajos. La fuerza muscular y la salud ósea son factores vinculados con la movilidad y la prevención de caídas a edades avanzadas.
Un seguimiento difundido en 2018 añadió datos sobre el efecto a largo plazo. Tras diez años, los participantes que mantuvieron el programa conservaron mejores niveles de capacidad aeróbica y fuerza en las rodillas. Incluso quienes habían abandonado la práctica presentaron un deterioro físico más lento que quienes nunca habían seguido la rutina.
Dos o tres sesiones semanales permiten aumentar el esfuerzo de forma gradual
La frecuencia sugerida es de dos a tres entrenamientos por semana, con progresión según la respuesta de cada persona. A medida que mejora la tolerancia, se puede extender la duración de los tramos rápidos, incrementar levemente la velocidad o sumar pendientes moderadas si no existen contraindicaciones.

El método no obliga a trotar ni exige una distancia determinada. Para algunas personas, un paso muy rápido será suficiente; otras podrán incorporar breves períodos de carrera. La referencia principal debe ser la capacidad de sostener la actividad con seguridad y sin dolor.
Antes de comenzar una rutina de mayor intensidad, las personas con enfermedades cardíacas, hipertensión sin controlar, problemas articulares, lesiones, dificultades de equilibrio o síntomas persistentes deben consultar a un profesional de la salud. El enfoque permite adaptar la duración y la velocidad, pero requiere atención a las señales del cuerpo.
